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Posts Tagged ‘Paleolítico’

La conservación de objetos de madera en yacimientos paleolíticos es muy poco frecuente, a pesar de que contamos con numerosas evidencias indirectas, por ejemplo a través de los análisis de huellas de uso, de que la madera fue una materia de uso corriente desde el Paleolítico Inferior. Curiosamente una buena parte de las evidencias disponibles provienen de yacimientos del Norte de Europa con cronologías de la segunda mitad del Pleistoceno Medio. Los objetos más famosos son las lanzas de Schöningen (Thieme, 1997), Clacton (Oakley et al. 1977) o Lehringen (Thieme y Veil 1985), pero hay otros menos conocidos como la lanza de Bad-Cannstatt que, con una cronología estimada de unos 400.000 años, sería probablemente el ejemplar más antiguo del registro europeo.

La cantera de travertino de Bad-Cannstatt, situada en el distrito del mismo nombre de la ciudad alemana de Stuttgart, fue excavada en las décadas de los 80 y 90 bajo la dirección de E. Wagner, descubriendo en ella un total de tres yacimientos Haas, Lauster y Bunker.

 

Inicialmente las dataciones situaron estos yacimientos en el MIS 7 (170–295 ka) (Wagner 1995), pero los análisis más recientes sugieren una cronología más antigua, en torno a 400 mil años, al menos para el yacimiento Bunker (Interglaciar Holstein, MIS 11- Haidle y Pawlik 2010). El yacimiento se caracteriza por la buena conservación de los restos orgánicos, tanto hueso como vegetales, lo que lo convierten en un lugar clave para estudios paleoecológicos. Entre los restos de fauna recuperados destacan los de elefante (Palaeoloxodon antiquus), rinoceronte (Dicerorhinus hemitoechus), ciervo, bisonte, caballo (E. antiquus), tortuga o lobo. La industria lítica es especialmente abundante en el yacimiento de Bunker, donde se recuperó una colección de varios miles de restos realizados fundamentalmente en caliza y sílex, generalmente de pequeño tamaño. Entre estos restos destacan los micro-choppers, que están acompañados de núcleos de lascas centrípetos, alguna lasca Levallois y algunas raederas (Wagner 1995).

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Imagen de los trabajos de excavación en el yacimiento (Wagner 1995)

El sector Haas del yacimiento se excavó entre 1980 y 1987 en una extensión de unos 50 m2, donde se recuperaron abundantes restos de fauna, generalmente de pequeño tamaño, muchos de ellos con señales de transporte, así como algunos restos mayores, incluyendo colmillos de elefante, rinoceronte, ciervo, bisonte o caballo.Entre los restos de fauna recuperados hay dos fragmentos dentales que inicialmente fueron interpretados como incisivos de ciervo (Adam 1986), y que posteriormente han sido interpretados como restos humanos, concretamente un canino inferior patológico y una raíz de un molar superior (Czarnetzki 1999, Street et al. 2006). La industria lítica estaba compuesta por  unos 1800 restos de industria lítica incluyendo 105 útiles retocados, choppers, micro choppers y piezas con retoque continuo (raederas y denticulados) (Wagner 1986, 1995). Los excavadores señalan también la presencia de una línea de posibles agujeros de poste, excavados en el travertino subyacente, de 1,55 m de longitud, que pudo formar parte de un parapeto.

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Ejemplos de micro-choppers del sector principal del yacimiento de Haas (Wagner 1986)

En 1987, en este mismo sector, pero en una zona algo separada de la excavación principal, en un área de unos 8 m2 se recuperaron diversos restos de madera acompañados de algunos artefactos líticos y restos de fauna, incluyendo un molar de elefante. La conservación de los restos de madera, que el propio Wagner los describe como fibras de madera englobadas en una especie de detritus arcilloso, era realmente mala (1995, pp 55).

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Aspecto de la madera en el momento de su excavación (Wagner 1995)

Los restos de madera se atribuyeron a Acer campester (Arce campestre), y fueron interpretados como una posible lanza de madera de unos 2.5 m de largo y 4 cm de diámetro. En la planta dibujada en la monografía (Wagner 1995, pp. 56, Figura 37), se ven tres segmentos de grandes dimensiones en conexión, uno de ellos con el extremo apuntado, y otros cuatro fragmentos más pequeños dispersos por la superficie excavada, estando uno de ellos también apuntado.

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Planta del sector con los objetos de madera (Wagner 1995)

En la foto de los fragmentos de madera una vez excavados y lavados (Wagner 1995, pp. 57, Figura 39), sólo se aprecia un posible segmento apuntado (esquina superior derecha).

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Aspecto de los fragmentos de madera recuperados (Wagner 1995)

La morfología y las dimensiones del objeto son semejantes a las de las famosas lanzas de Schoningen, sin embargo algunos autores han aducido la falta de información sobre el objeto, que desgraciadamente no se conserva, para poner en duda esta interpretación (Schoch et al. 2015).

Referencias:

Adam, K.D., 1986. Fossilfunde aus den Cannstatter Sauerwasserkalken. Fundberichte aus Baden-württemb. 11, 25–61.

Czarnetzki, A., 1999. The fragment of a hominid tooth from the Holstein II period from Stuttgart-Bad Cannstatt, S-W Germany. Human Evolution 14, 175–189. doi:10.1007/BF02440155

Haidle, M.N., Pawlik, A.F., 2010. The earliest settlement of Germany: Is there anything out there? Quaternary International 223, 143–153. doi:10.1016/j.quaint.2010.02.009

Oakley, K.P. e. a., 1977. A reappraisal of the Clacton spearpoint. Proc. Prehist. Soc. 43 13–30.

Schoch, W.H., Bigga, G., Böhner, U., Richter, P., Terberger, T., 2015. New insights on the wooden weapons from the Paleolithic site of Schöningen. J. Hum. Evol. 89, 214–225. doi:10.1016/j.jhevol.2015.08.004

Street, M., Terberger, T., Orschiedt, J., 2006. A critical review of the German Paleolithic hominin record. Journal of Human Evolution 51, 551–579. doi:10.1016/j.jhevol.2006.04.014

Thieme, H., 1997. Lower Palaeolithic hunting spears from Germany. Nature 385, 807–810.

Thieme, H., Veil, S., 1985. Neue Untersuchungen zum eemzeitlichen Elefanten-Jagdplatz Lehringen. Die Kunde. 36, 11–58.

Wagner, E., 1986. Jäger und Sammler im Cannstatter Travertingebiet. Fundberichte aus Baden-württemb. 11, 62–91.

Wagner, E., 1995. Cannstatt I: Grosswildjäger im Travertingebiet. Konrad Theiss Verlag, Stuttgart.

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En 2011 cuando Iñaki Líbano nos enseño a Diego Garate y a mí la colección lítica que había recuperado en el paraje de Aranbaltza (Barrika) supe inmediatamente que se trataba de un yacimiento fundamental para responder a dos cuestiones principales de la arqueología paleolítica en la Región Cantábrica: Cómo era el hábitat paleolítico al aire libre, en comparación con el rico registro disponible en las cuevas de la región; y si la presencia del Chatelperroniense en la Región era tan escasa y se limitaba a pequeños altos de caza, tal y como habíamos planteado en una reciente publicación (Rios-Garaizar et al. 2012a).

Inmediatamente estudiamos la colección de I. Líbano y pudimos demostrar que nos encontrábamos ante un conjunto lítico en el que la mayor parte de los restos se podían asignar sin problemas al tecnocomplejo Chatelperroniense, y gracias a esto pudimos evaluar que otros conjuntos cercanos como el de Ollagorta (Barrika), recuperado por J. M. Barandiarán en un sondeo de 1959, se podían atribuir al mismo tecnocomplejo (Rios-Garaizar et al. 2012b).

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Estilizada punta de Chatelperrón excavada en el sector II de Aranabaltza (Foto: Joseba Rios-Garaizar)

El siguiente paso fue proponer a la Diputación Foral de Bizkaia la posibilidad de realizar un sondeo con el objetivo de evaluar si la zanja de canalización que había sacado a la superficie la colección del I. Líbano había destruido la totalidad del yacimiento, o si por el contrario había zonas en las que existía todavía un depósito estratigráfico intacto. Este punto era especialmente crucial porque uno de los grandes déficits de los yacimientos paleolíticos al aire libre de la región es la ausencia de estratigrafías (Arrizabalaga et al. 2015). Así, en Marzo de 2013 hicimos un pequeño sondeo manual y tuvimos la fortuna de localizar un depósito sedimentario que no había sido afectado ni por la canalización, ni por la cantera de áridos que estuvo en explotación hasta los años 60, ni por las posteriores plantaciones de eucaliptos. Ese mismo año acometimos la primera campaña de excavación y Aranbaltza comenzó a revelar sus sorpresas.

En las tres primeras campañas hemos podido descubrir, además de retazos de las ocupaciones chatelperronienses, una serie de niveles de inicio del Pleistoceno Superior y tal vez de final del Medio, con ocupaciones del Paleolítico Medio que parecen corresponderse con un hábitat estructurado al aire libre. Además hemos identificado restos pertenecientes a ocupaciones de los últimos cazadores recolectores, en el transito Pleistoceno-Holoceno, y restos de un campamento de época Calcolítica (Rios-Garaizar 2014, Rios-Garaizar et al. 2015).

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Excavación de las ocupaciones del paleolítico Medio en el sector I de Aranbaltza (Foto: Joseba Rios-Garaizar)

En esta IV campaña, financiada por la Diputación Foral de Bizkaia y coordinada desde el CENIEH y el INRAP, contamos con la colaboración del Ayuntamiento de Barrika, que cede el espacio para el laboratorio de campo y las instalaciones de cribado con agua; del Club Hípico Barrika, en cuyas instalaciones se encuentra el yacimiento; y de Edestiaurre Arkeologia Elkartea que colabora con medios humanos en el desarrollo de la campaña.

El objetivo principal de este año, una vez terminada en 2015 la excavación de la ocupación del Paleolítico Medio, es ampliar la superficie del nivel Chatelperroniense excavado en 2013, además prepararemos la zona de excavación en el sector III del yacimiento para la nueva fase del proyecto que comenzará en 2017.

 

Referencias:

Rios-Garaizar, J., Arrizabalaga, Á., Villaluenga, A., 2012a. Haltes de chasse du Châtelperronien de la Péninsule Ibérique. Labeko Koba et Ekain (Pays Basque Péninsulaire). L’Anthropologie. 116, 532–549. doi:http://dx.doi.org/10.1016/j.anthro.2012.10.001

Ríos Garaizar, J., Libano Silvente, I., Garate Maidagna, D., 2012b. El yacimiento chatelperroniense al aire libre de Aranbaltza (Barrika, Euskadi). Munibe (Antropologia-Arkeologia) 63, 81–92.

Arrizabalaga, A., Rios-Garaizar, J., Alvarez-Alonso, D., 2015. The past is out there: Open-air Palaeolithic sites and new research strategies in the Cantabrian region (northern Iberia). Quaternary International 364, 181–187. doi:10.1016/j.quaint.2014.07.051

Rios-Garaizar, J., 2014. Aranbaltza. Yacimiento Paleolítico al aire libre. Arkeoikuska: Investigación arqueológica. 2013, 175–178.

Rios-Garaizar, J., Ortega Cordellat, I., San Emeterio Gómez, A., Libano Silvente, I., Iriarte-Avilés, E., Garate Maidagan, D., 2015. Aranbaltza. Yacimiento paleolítico al aire libre. II Campaña. Arkeoikuska: Investigación arqueológica. 2014, 165–167.

 

 

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Hace dos años comenzamos, bajo la dirección de Diego Garate, un proyecto de evaluación del yacimiento arqueológico de Atxurra. El yacimiento fue descubierto por J.M. Barandiaran en 1929 y excavado por él mismo entre 1934 y 1935. La publicación de los resultados debieron esperar hasta 1961, y después a penas si ha vuelto ha ser estudiado. Esto propició que fuese un yacimiento poco importante para explicar el final del Paleolítico Superior, el periodo mejor representado en el yacimiento. Este fue uno de los motivos por el cual decidimos volver a Atxurra, para evaluar la estratigrafía del yacimiento, obtener una buena cronología de los distintos periodos en los que la cueva fue ocupada, y para poder caracterizar mejor estas ocupaciones. En 2014 limpiamos una de las secciones dejadas por J.M. Barandiaran y los resultados fueron espectaculares. Pudimos documentar una estratigrafía muy ordenada que abarcaba todo el Magdaleniense, con algunos niveles muy ricos en fauna, industria lítica e industria ósea.

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Aspecto de la excavación al terminar la campaña de 2014. Al fondo  la gatera por la cual se accede al tramo de cueva que da paso a la zona decorada(Foto: Joseba Rios-Garaizar)

La campaña de 2015 se planeó como una continuación de la de 2014. El objetivo principal era documentar la posible existencia de ocupaciones del Gravetiense. En esta campaña nos propusimos hacer una prospección sistemática de la cueva con el objetivo de encontrar arte rupestre paleolítico. Así el 25 de Septiembre de ese año, mientras parte del equipo excavábamos en el yacimiento, el director del proyecto, Diego Garate, se adentró en la zona más profunda de la cueva acompañado por el espeleólogo del grupo ADES Iñaki Intxaurbe. Tardaron mucho en salir, y en cuanto Diego asomó por la gatera que comunica la zona del yacimiento con las galerías interiores de la cueva, fui consciente de que habían encontrado algo importante. Me bastó una sola mirada inquisitiva y un gesto afirmativo de Diego para confirmar mis sospechas. Poco después Iñaki salió por la misma gatera con una expresión de vértigo propia de alguien que ha cumplido uno de sus sueños. Poco después Diego me contó, con discreción, que había “un montón de figuras, bisontes, caballos, la mayor parte grabados”. Ese mismo día pude entrar con ellos en la cueva y ver algunos de los grabados con mis propios ojos, fui consciente en ese momento de la magnitud del hallazgo, ya que en apenas una pequeña visita Diego e Iñaki habían localizado decenas de figuras de animales.

 

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Repisa con dos caballos de grandes dimensiones grabados y pintados (Foto: Diego Garate)

Los días siguientes fueron muy agitados. Avisamos a la Diputación para que acelerasen la colocación de una verja de protección, ya que el acceso a la cueva es bastante sencillo. Al mismo tiempo seguimos excavando manteniendo en todo momento la discreción sobre el descubrimiento, incluso con nuestros colaboradores. El día antes de acabar la campaña, en la que por cierto alcanzamos el nivel Gravetiense, se lo contamos a todos y organizamos una rápida visita para que ellos pudiesen deleitarse con la visión del friso de los caballos. En esos días Diego, acompañado de Iñaki y de Olivia Rivero, se dedicó a realizar una documentación preliminar del yacimiento. Hubo visitas de expertos de la Diputación, se colocó la verja y redactamos un proyecto de estudio. Hoy, casi ocho meses después podemos levantar el embargo sobre esta noticia y dar a conocer este descubrimiento ante la opinión pública. A partir de hoy tenemos que comenzar el estudio sistemático del yacimiento.
La cueva de Atxurra se encuentra en Berriatua, colgada sobre la carretera que une Markina con Lekeitio y que discurre paralela al río Lea. Es una cueva de grandes dimensiones que alcanza un desarrollo de más de 500 metros. Bajo la cueva de Atxurra, y comunicada con esta, se abre un piso inferior del mismo sistema, que recibe el nombre de Armiña. Los paneles grabados se encuentran en la zona media de la cavidad a la que se puede acceder desde el piso inferior o desde la boca donde se encuentra el yacimiento. En ambos casos el tránsito es complejo y requiere el paso por gateras, pequeños tramos de escalada y desplazamientos por rampas muy inclinadas.
La zona decorada es un galería, con varios pisos fósiles, de gran altura, jalonada por cornisas y con pequeñas aperturas laterales. Hasta el momento se han documentado 14 sectores decorados con, al menos, 70 figuras. La mayor parte de los motivos representados son figuras animales, siendo los bisontes y los caballos los más numerosos, aunque hay algunas cabras, ciervas y uros. La técnica utilizada es el grabado, en ocasiones combinado con pintura negra. Algunas de las figuras, como los dos caballos, son de grandes dimensiones, mientras que otras son bastante pequeñas. Las convenciones de representación utilizadas son bastante homogéneas, destacando el uso de dos planos para la representación de los cuernos y de las extremidades de los animales o las indicaciones del pelaje y de detalles anatómicos internos. Destacan también las cabras en visión frontal o una figura de bisonte que tiene en su interior una veintena de “puntas” representadas con uves invertidas. Todas estas convenciones remiten al Magdaleniense Medio o Superior, esto es hace unos 18-14.000 años (14.500-12.500 años sin calibrar).

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Bisonte grabado con “puntas” clavadas en su interior (Foto: Diego Garate)

La relevancia del hallazgo es enorme. Atxurra tiene el mayor conjunto de figuras rupestres descubierto en Bizkaia desde Santimamiñe, de cuyo hallazgo se cumplen 100 años. Se encuentra en una zona en la que se hay una intensa presencia humana a finales del Paleolítico Superior, que se manifiesta en los yacimientos de Santa Catalina y Lumentxa fundamentalmente. En este último hace tres años descubrimos un pequeño conjunto de arte rupestre compuesto por dos bisontes y una cabeza de caballo pintadas en rojo. Todo esto hace de esta comarca del oriente de Bizkaia un lugar ideal para investigar las formas de vida de los últimos cazadores recolectores y sus vinculaciones culturales con el resto de la región cantábrica y la vertiente noroccidental de los Pirineos.
Este descubrimiento es una recompensa más a los enormes esfuerzos realizados por el equipo dirigido por Diego Garate, que en los últimos cinco años ha descubierto cuevas con arte rupestre en Bizkaia (Askondo y Lumentxa), en Gipuzkoa (Aitzbitarte III, IV, V y IX) y una nueva galería decorada en la navarra cueva de Alkerdi. A esto hay que sumar decenas de publicaciones, proyectos de revisión y estudio en Iparralde (Isturitz, Oxocelhaya, Etxeberri, Sinhikole, Sasiziloaga), en Gipuzkoa (Altxerri B) y en Bizkaia (Ventalaperra, Rincón), y colaboraciones como las realizadas en la cueva de Morgota (Kortezubi). Gracias a este esfuerzo se ha roto con la idea del “vacío vasco” en el arte rupestre paleolítico y se dispone de elementos que permiten valorar el papel de nexo entre el suroeste de Francia y la Región Cantábrica que jugó esta región.

Añado un enlace a un vídeo de la ETB donde podéis ver mejor la cueva y sus grabados y pinturas.

http://www.eitb.eus/es/cultura/videos/detalle/4099276/video-hallada-berriatua-cueva-grabados-euskadi/

http://www.eitb.eus/es/get/multimedia/screen/id/4099276/tipo/videos/

 

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El 8 de Abril de 1979, tras un incendio, Alberto Díez Saiz fue a visitar la loma de Agirremendi, situada detrás de su casa, y allí encontró algunos restos de sílex. Durante los cinco años siguientes volvió en diferentes ocasiones a Agirremendi hasta recuperar un conjunto de algo más de 70 restos líticos que afloraban en la superficie. Alberto, un gran conocedor de la historia de Berango y un gran aficionado a la prehistoria, fue capaz de identificar esas “piedras” como restos de herramientas prehistóricas y tuvo la intuición de que éstas pudieran ser importantes para conocer el primer poblamiento humano de Berango. El 2 de Julio de 1984, Alberto pudo enseñar parte de su colección a José Miguel de Barandiarán, el que es considerado padre de la prehistoria vasca, y que en 1959 había prospectado y sondeado en distintos yacimientos al aire libre de los municipios de Barrika y Sopela. Barandiarán se fijó especialmente en una pieza, un raspador carenado en hocico, que identificó como “una pieza característica del Auriñaciense”. Con esta confirmación Alberto incluyó el yacimiento de Agirremendi en su libro, editado en 1990 por el ayuntamiento, titulado Berango 40.000 años de historia.

Iñaki Líbano, incansable colaborador en nuestras investigaciones sobre la prehistoria de Uribe Kosta, conocía desde los años 80 esa colección. De hecho él mismo había realizado los dibujos de las piezas publicadas en 1990. Desde que empezamos a colaborar en 2011, Iñaki siempre mencionaba Agirremendi como un posible yacimiento de inicios del Paleolítico Superior, y gracias a su mediación pudimos estudiar la colección el 31 de Enero de 2015.

Ese mismo día fuimos conscientes de la relevancia del conjunto, ya que era muy diferente a todo lo que conocíamos de Uribe Kosta. El material, a pesar de estar bastante desilificado y algo alterado por los incendios, presentaba un buen estado de conservación, tanto que incluso fuimos capaces de realizar un remontaje entre un núcleo y una lámina. Los objetos representados eran fundamentalmente núcleos de laminillas y útiles realizados sobre soportes laminares, incluyendo algunos muy característicos como raspadores, buriles sobre truncadura y una pieza de dorso y pedúnculo que interpretamos como una posible punta de Font-Robert. Otro elemento sorprendente era la variabilidad de tipos de sílex. En un yacimiento ubicado a escasos 2 kilómetros del afloramiento de Kurtzia no esperábamos encontrar una cantidad tan elevada de sílex exógeno, un 24% del sílex identificado, incluyendo sílex de Urbasa y sílex de Chalosse. Todos estos elementos nos llevaron a pensar que nos encontrábamos ante un conjunto extremadamente homogéneo atribuible al Auriñaciense Evolucionado o, más probablemente, al Gravetiense Antiguo.

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Utillaje retocado de Agirremendi. 1-3 Raspadores sobre extremo de lámina; 4: Punta de Font Robert atípica; 5-7 Buril sobre truncadura retocada oblicua; 8: Remontaje de lámina sobre núcleo prismático de tipo buril.

Animados por estas evidencias seis días después Iñaki y yo quedamos con Alberto para ir a visitar el lugar del yacimiento. Ese día coincidió con una de esas escasas ocasiones en las que nieva tan cerca de la costa y toda la loma apareció ante nuestros ojos cubierta de parches de nieve blanca. El ascenso no fue fácil, porque la argoma y las zarzas cubrían toda la ladera. Finalmente alcanzamos una amplia explanada con una suave pendiente en lo alto de la colina, el punto donde Alberto había localizado entre el 79 y el 84 la colección de Agirremendi. Una vez allí pudimos comprobar que era imposible que los restos líticos hubiesen llegado al yacimiento arrastrados desde otro lugar, ya que se encontraron en el punto más alto de la loma. También nos percatamos de que las dimensiones probables del yacimiento eran pequeñas, lo que incidía en la posibilidad de que se tratase de los restos de un único asentamiento. Además el hecho de que esas piezas estuviesen allí, y que no hubiesen sido transportadas ladera abajo, nos animaba ante la posibilidad de que hubiese algún tipo de estructura sedimentaria conservada.

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Vista del Abra y de la Vega del Gobela desde Agirremendi

Sin embargo una vez allí fuimos conscientes de otras implicaciones que tenía la ubicación del yacimiento. En primer lugar se encontraba relativamente lejos del afloramiento principal de sílex del Flysch, lo cual unido a la gran cantidad de sílex exógeno sugería que la explotación del sílex no fue uno de los objetivos de esta ocupación. Además el hecho de que buena parte de estos restos de sílex exógeno fuesen núcleos de laminillas sugiere que se trata de parte del kit de viaje con el que  el grupo acaba de llegar a esta comarca. Otro de las características singulares de Agirremendi es su buena visibilidad de la actual desembocadura de la ría del Ibaizabal-Nerbioi, de toda la vega del Gobela y de la costa entre La Galea y Aizkorri, lo cual sin duda debió animar la ocupación. Además en el entorno inmediato del yacimiento hay paredes de arenisca que sin duda debieron ofrecer un buen abrigo ante el rigor del clima.

Agirremendi es, por lo tanto, un yacimiento singular en la comarca, que puede corresponderse con un número limitado de ocupaciones del Paleolítico Superior Inicial, en las que se asentaron los grupos humanos para aprovechar su buena visibilidad y el refugio de los abrigos de arenisca del entorno. Estos grupos del final del Auriñaciense y del Gravetiense se desplazaban a lo largo de grandes distancias, abarcando desde el SW de Francia y la Sierra de Urbasa hasta la costa occidental de Bizkaia, asentándose en cuevas,como Aitzbitarte III en Errenteria; o en sitios al aire libre, algunos con unas características semejantes a las de Agirremendi, como Ametzagaina cerca de Donostia; o situados cerca de los afloramientos de sílex como Mugarduia en Urbasa; o en riberas de ríos como Irikaitz en Zestoa.

Los resultados de estas investigaciones acaban de ser publicados en el volúmen 33 de la revista Kobie (Paleoantropología). Esperamos poder enlazar pronto el pdf de la publicación.

Rios-Garaizar, J., Libano Silvente, I., San Emeterio Gómez, A., Garate Maidagan, D., Vega López, S., Díez Saiz, A., 2014. El yacimiento al aire libre del Paleolítico Superior Inicial de Agirremendi (Berango, Bizkaia). Kobie (Paleoantropología) 33, 5–20.

pdf en Academia

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Con motivo del día de la mujer trabajadora se ha inaugurado la “IV Semana Mujer y Ciencia: Antropología de género” organizada por el CENIEH y la UBU. Uno de los actos centrales de esta semana es la exposición “Evolución en clave de género” de la que he tenido el placer de ser asesor científico. Esta invitación me ha llevado a reflexionar sobre los estereotipos e imágenes que la sociedad tiene sobre el papel de la mujer en la prehistoria y sobre la responsabilidad de los investigadores, divulgadores y educadores, como agentes activos en la construcción de estos relatos. A continuación reproduzco una versión del texto que he realizado para el libreto que acompaña a la exposición.

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El otro día mientras mi pareja Ane, profesora de historia en educación secundaria, estaba preparando una clase de prehistoria para 1º de la ESO me llamó para ver que opinaba de un fragmento del libro de texto que utilizan. En éste se decía que en el Paleolítico las mujeres se encargaban de la recolección y la caza de pequeños animales, mientras que lo hombres cazaban las grandes presas. Este tipo de visiones están profundamente arraigadas en el imaginario popular y se transmiten a las nuevas generaciones mediante la enseñanza reglada.

Desgraciadamente carecemos de datos suficientes para detallar cómo funcionaban las sociedades del Paleolítico, cómo se organizaban y cómo se distribuían las tareas que aseguraban la reproducción social y cultural del grupo. Podemos imaginarnos una estructura social en torno a la edad, en la que los miembros de los distintos grupos de edad contribuyesen de manera diferente a las actividades del grupo. Podemos imaginar también, que el género sería una fuente de diferencias sociales. El sexo es una fuente de conflicto social y los condicionantes biológicos de hembras y machos en la especie humana, aunque similares, no son idénticos. Asimismo el análisis detallado del registro arqueológico permite observar en ocasiones otras fuentes de desigualdad en las sociedades paleolíticas en torno al control de la producción o a la preeminencia de ciertos individuos. Podemos tratar de evaluar el grado de desigualdad y el grado de división social del trabajo, pero difícilmente podemos ir más allá, y cuando termina la ciencia comienza el relato.

Los relatos son importantes porque nos ayudan a comprender una realidad fragmentada y perdida en el tiempo como es la del Paleolítico. Sin embargo los relatos son un arma peligrosa porque están cargados de intencionalidad. Así, los alimentamos con ideologías, creencias y opiniones estereotipadas sobre las que apenas reflexionamos. El relato al que me refería al inicio no deja de ser una narración estereotipada fruto una visión patriarcal de la sociedad de la que aún no nos hemos conseguido desprender.

Los relatos tienen además otro gran riesgo, porque homogeneizan una realidad que es inmensamente variable. Es impensable que en todos y cada uno de los grupos, pertenecientes a una decena de especies, que durante más de dos millones de años ocuparon casi toda la tierra, se dieran los mismos tipos de estructuras sociales y los mismos modelos de organización del trabajo. Esta enorme variabilidad tuvo, sin duda, cabida para un gran número de situaciones diferentes.

Todo este discurso me lleva a constatar varias cuestiones. Primero, que la variabilidad en la organización de las sociedades paleolíticas debió ser enorme. Segundo, que no tenemos argumentos científicos para defender que hubo una división estricta del trabajo en razón del género. Tercero, que las divisiones del trabajo no tenían porqué coincidir con el estereotipo de hombre-cazador mujer-recolectora.

Esta constatación arrastra asimismo una reflexión. Debemos alejarnos de éstas visiones estereotipadas, adoptar una postura crítica y tratar de construir un relato más preciso que sea capaz de reflejar la riqueza del comportamiento humano, también en lo que a cuestiones de género se refiere. La exposición “Evolución en clave de genero” es un buen punto de partida para reflexionar sobre estas cuestiones y propiciar la construcción de un relato menos esterotipado.

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Hasta los años 90 apenas se sospecha que la comarca de Uribe Kosta tuviese evidencias de la presencia humana durante el Pleistoceno Medio. Ahora hay 8 localidades donde se han recuperado materiales del Paleolítico Inferior, de las que sólo Mendieta I ha sido recuperado en contexto.

El desarrollo de una arqueología de los contextos de hábitat/ocupación al aire libre es una de las grandes materias pendientes de la investigación sobre el Paleolítico en Bizkaia y Gipuzkoa. A diferencia de las regiones vecinas en las que este tipo de contextos han sido objeto de una atención más intensa, en Bizkaia y Gipuzkoa apenas se ha trabajado fuera de las cuevas en busca de asentamientos de época paleolítica. Las razones de este aparente desinterés son múltiples. Por un lado se ha primado la localización y excavación de yacimientos en cueva por motivos de conservación del registro arqueológico y de  las secuencias estratigráficas. Tampoco ha ayudado la escasez de registros sedimentarios susceptibles de contener yacimientos de época paleolítica en posición primaria, la escasez de trabajos interesados en los periodos más antiguos del Paleolítico, o las problemas derivados de una ley de patrimonio que presta escasa atención a este tipo de manifestaciones arqueológicas.

Uribe Kosta desde el aire (http://www.bizkaiadesdeelaire.com)

Uno de los primeros trabajos, en ciertos aspectos pionero, sobre el hábitat paleolítico al aire libre lo abordó José Miguel de Barandiarán en 1959 junto a Mario Grande, quien por entonces director del Museo Histórico de Bizkaia y Antonio Aguirre Andrés, quien fue Comisario de Bilbao de Excavaciones Arqueológicas en los años 50 (Fernández Palacios y Unzueta Portilla 2012). Este último había estado recopilando, en los años 50, materiales arqueológicos en distintos puntos de Sopelana y de Barrika, incluyendo probablemente los arenales de Zabaletxe, Iturralde y Ollagorta. Posteriormente En 1959 los tres vuelven a la misma zona y realizan sondeos en numerosos puntos de esos mismos arenales y en la colina de Kurtzia. Fruto de estos trabajos se recuperan numerosas evidencias arqueológicas, algunas de ellas en aparente ordenación estratigráfica, entre las cuales sin embargo son escasas las atribuibles al Paleolítico Inferior. Entre estas últimas hay que destacar un hendedor de ofita y un bifaz de lutita recuperados por A. Aguirre, y una pieza bifacial de sílex con la base reservada recuperada en Iturralde.

Materiales arqueológicos de Mendieta I (1-2) y de Kurtzia (3-4), éstos últimos de la colección de A. Agirre (Rios-Garaizar et al. 2012)

Materiales arqueológicos de Mendieta I (1-2) y de Kurtzia (3-4), éstos últimos de la colección de A. Agirre (Rios-Garaizar et al. 2012)

En el año 2003 se descubre el yacimiento de Mendieta I (Rios-Garaizar et al. 2008, 2010) en las obras de urbanización del polígono de Zaldu, en Sopela. Este yacimiento se excava en una extensión limitada en la que se descubre una secuencia estratigráfica que incluye el relleno de un paleocanal de baja energía cubierto por una paleosuelo. En el interior de dicho paleocanal se recupera un importante conjunto lítico que presenta características tecnológicas que permiten una atribución a un Paleolítico Inferior sin bifaces. Entre los restos se recupera un Macroútil de arenisca, un Chopping-Tool de sílex, alguna raedera y cuchillos de dorso natural con retoques de acomodo. Las huellas de uso identificadas en algunas de estas piezas permiten observar distintos tipos de actividades de corte y raspado sobre distintos materiales (Rios-Garaizar et al. 2008). Los análisis sedimentológicos y polínicos realizados sobre el sitio permiten ver que esta ocupación coincide con un episodio húmedo y templado, probablemente interglacial. Esto nos llevo a proponer una cronología mínima de 115.000 años, coincidiendo con el interglaciar Eemiense (OIS5e), aunque estimamos que probablemente esta fuese más antigua, tal vez coincidiendo con el interglacial Holsteniense (ca. 450.000, OIS11) o algunas de las fases templadas del Pleistoceno Medio reciente (OIS9 o 7) (Rios-Garaizar et al 2010). Mendieta I es el primer conjunto atribuido al Paleolítico Inferior en Bizkaia y es también uno de los pocos sitios del Pleistoceno Medio vizcaíno que han ofrecido datos que permiten una reconstrucción aproximada del medio ambiente circundante.

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Materiales y estratigrafía de Mendieta I (Rios-Garaizar et al 2008)

El mismo año en el que se descubrió Mendieta, I. Libano recuperó un interesante lote de piezas líticas en unas obras en Moreaga (Sopelana), cerca del cauce del Gobelas (Rios-Garaizar et al 2012). Se trata de una pequeña colección de 10 restos realizados en cuarcita, lo cual introduce un elemento de novedad en la “tierra del sílex”. Entre estos restos destacan tres núcleos discoides, un núcleo tipo SSDA y dos cantos tallados unifacialemente (Choppers). Actualmente el entorno de este yacimiento se encuentra muy alterado y existen pocas posibilidades de localizar zonas no alteradas del mismo. Por esas mismas fechas I. Libano encontró en unas huertas situadas en Errementariena (Barrika) 8 piezas de aspecto antiguo entre las que destaca un bifaz amigdaloide en cuarcita, un pico triedro en la misma materia, un bifaz subcordiforme pequeño en lutita, 2 núcleos centrípetos, dos raederas y un rabot. Ambos conjuntos carecen de un contexto preciso, pero señalan por un lado la extensión de la presencia humana en Uribe Kosta durante el Paleolítico Antiguo (probablemente Pleistoceno Medio). La variabilidad de comportamientos tecnológicos (uso de sílex o de cuarcita, conjuntos con y sin bifaces, etc.), la escasa incidencia en el medio, el modesto tamaño de los conjuntos, parecen sugerir una ocupación poco intensa del territorio de Uribe Kosta, en la que, a diferencia de periodos posteriores del Paleolítico, la captación de sílex no será uno de los motivos que llevará a estos primeros habitantes a ocupar este territorio.

Materiales arqueológicos de Errementariena (Sopela)- Rios-Garaizar et al. 2012

Materiales arqueológicos de Errementariena (Sopela)- Rios-Garaizar et al. 2012

Esta última impresión parece confirmarse con otra serie de hallazgos realizados en los municipios de Getxo y Leioa y que serán publicados en breve (Rios-Garaizar et al, 2013). Se trata de 6 bifaces aislados localizados en Zientoetxe (Getxo- 2 bifaces), Diliz (Getxo), Mendibarrena (Leioa), Aretxabaleta (Leioa) y Ondiz (Leioa) y un conjunto de lítico sin bifaces recuperado en la loma de Kurkudi (Leioa). El bifaz de Ondiz, localizado por F. Dublin y publicado por E. Nolte (1985-96) se encuentra en paradero desconocido, al igual que el localizado en Diliz, encontrado también por F. Dublin y que fue documentado por C. Fernández. El resto de materiales fueron localizados por I. Libano entre 1985 y 2005 y se encuentran actualmente depositados en el Arkeologi Museoa de Bilbao.

Bifaces

1: Bizaz de Mendibarrena; 2: Bifaz de Aretxabaleta; 3-5: Bifaces de Zientoetxe; 4: Pieza bifacial de Ondiz (Rios-Garaizar et al. 2013)

Estos hallazgos, carentes de un contexto arqueológico preciso, evidencian sin embargo la existencia de una ocupación dispersa pero continua del territorio durante el Pleistoceno Medio, con puntos de actividad aislados, situados en distintos tipos de entornos (márgenes fluviales, cerros, llanura costera, etc.).

Mapa de Uribe Kosta con los yacimientos atribuíbles al Pleistoceno medio (Rios-Garaizar et al. 2013)

Mapa de Uribe Kosta con los yacimientos atribuibles al Paleolítico Inferior y Medio: 1: Ondiz; 2: Mendibarrena; 3: Aretxabaleta; 4: Kurkudi; 5: Diliz; 6: Zientoetxe; 7 Bareño; 8: Moreaga; 9: Mendieta I; 10: Mendieta II; 11: Errementariena; 12: Zabaletxe; 13: Goierri; 14: Kurtzia (Rios-Garaizar et al. 2013)

Hasta los años 90 apenas se sospecha que la comarca de Uribe Kosta tuviese evidencias de la presencia humana durante el Pleistoceno Medio. Ahora hay 9 localidades donde se han recuperado materiales del Paleolítico Inferior, de los que sólo Mendieta I ha sido recuperado en contexto. Esto evidencia una realidad de un poblamiento disperso y de baja intensidad, que resulta difícil de identificar, que sin embargo ayuda a comprender las dinámicas de población de los primeros habitantes de la comarca. La localización de estos hallazgos abre la posibilidad de que en algún punto del territorio se conserven restos in situ de una ocupación mas amplia, intensa, o repetida en el tiempo, sin embargo esta posibilidad pierde fuerza a medida que los contextos susceptibles de preservar tales ocupaciones van siendo urbanizados.

Desde el 3 de Abril al 28 de Septiembre de 2014 buena parte de estos materiales, que forman parte de la colección del Arkeologi Museoa de Bilbao, estarán expuestos en la exposción: “En Busca del Sílex- Silexaren Bila. Los primeros pobladores de la Costa Vasca”, en la que se presentan los materiales y los yacimientos excavados y recuperados en Uribe Kosta, así como otros materiales del Paleolítico Inferior y Medio de Navarra, Gipuzkoa, Araba y Bizkaia.

Referencias:

Barandiarán Ayerbe, J.M., Aguirre, A., Grande, M., 1960. Estación de Kurtzia (Barrica-Sopelana), Servicio de Investigaciones Arqueológicas de la Excma. Diputación Provincial de Vizcaya. Bilbao.

Fernández Palacios, F., Unzueta Portilla, M., 2012. Allá donde el mar se confunde con la Ría del Nevión: la figura del ingeniero Antonio Aguirre Andrés en las décadas centrales del siglo XX. Bidebarrieta Rev. humanidades y ciencias Soc. Bilbao 23, 115–120.

Rios-Garaizar, J., Iriarte, E., Garate, D., Cearreta, A., Iriarte, M.J., 2008. The Mendieta site (Sopelana, Biscay province, northern Spain): Palaeoenvironment and formation processes of a Lower Palaeolithic open-air archaeological deposit. Comptes Rendus Palevol 7, 453–462.

Rios-Garaizar, J., Garate Maidagan, D., Iriarte Avilés, E., Cearreta Bilbao, A., Iriarte Chiapusso, M.J., 2010. Los yacimientos de Mendieta I y II (Sopelana, Bizkaia): dos ocupaciones al aire libre del Paleolítico Inferior y Medio. Kobie (Paleoantropología) 29, 7–18.

Rios-Garaizar, J., Libano Silvente, I., Garate Maidagan, D., 2012. Nuevas localizaciones del Paleolítico Inferior en Uribe Kosta (Bizkaia): Los yacimientos de Moreaga (Sopelana) y Errementariena (Barrika). Kobie (Paleoantropología) 31, 45–56.

Rios-Garaizar, J., Libano Silvente, I., Garate Maidagan, D., Gómez-Olivencia, A., Regalado Bueno, E., 2013. Nuevas localizaciones arqueológicas al aire libre del Paleolítico Inferior y Medio en las cuencas del Gobela, del Udondo (Bizkaia). Kobie (Paleoantropología).

 

 

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Desde hace unos cuantos años estamos prospectando cuevas en Bizkaia, y más recientemente en Gipuzkoa, con la intención de localizar nuevas evidencias de arte rupestre paleolítico. Hasta el momento son dos los hallazgos que hemos publicado, aunque hay alguno más en preparación.

El primero de ellos, y en cierta medida el más relevante, lo realizamos en enero de 2011 en la cueva de Askondo (Mañaria). Un año después, en Junio de 2012, descubrimos en la famosa cueva de Aitzbitarte IV (Errenteria) dos paneles con pinturas rojas de época Paleolítica, que acabamos de publicar en la revista Munibe (Antropologia-Arkeologia).

Trazos rojos en el panel del fondo de la cueva de Aitzbitarte IV

Trazos rojos en el panel del fondo de la cueva de Aitzbitarte IV

El conjunto es poco espectacular, en un panel situado en la zona más profunda de la cueva aparece una serie de trazos muy alterados, cubiertos parcialmente con una costra estalagmítica, que sugieren una forma zoomorfa; y cerca del vestíbulo de la cueva hay un disco rojo pintado sobre un muro estalagmítico. A pesar de lo modesto de estas representaciones este hallazgo resulta relevante por varios motivos:

  1. Es la quinta cueva de Gipuzkoa en la que se documenta arte rupestre paleolítico.
  2. Se trata de la única manifestación de arte rupestre situada en el extremo oriental de Gipuzkoa
  3. Se sitúa en un macizo calizo en el que se documentan ocupaciones desde el Auriñaciense Evolucionado hasta el Aziliense.

Este último aspecto es el más interesante de todos. Las excavaciones de J. M. Barandiaran en la cueva IV, y las de J. Altuna en la cueva III del macizo de Aitzbitarte han puesto de relieve la intensidad de la presencia humana a lo largo del Paleolítico Superior. En este contexto de intensas ocupaciones, en las que además se habían localizado algunos objetos de arte mueble, resultaba especialmente sorprendente la ausencia de manifestaciones de arte rupestre.

Con la publicación de este hallazgo se cubre este vacío y se abren nuevas posibilidades para la interpretación de Aitzbitarte como el gran centro de referencia del hábitat paleolítico del oriente de Gipuzkoa. Desgraciadamente, las pinturas del panel del fondo de Aitzbitarte IV no ofrecen elementos suficientes para apuntar una cronología probable o para evaluar su significado.

Referencias:

ResearchBlogging.org

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